A veces siento que estoy desperdiciando mi vida
Me da miedo que el tiempo pase demasiado rápido, o más bien, darme cuenta de que no supe aprovecharlo.
¿Cuándo voy a hacer todo lo que sueño? Hay tanto que todavía no he hecho. Siento que no hago suficiente. Siento que se me escapa el tiempo.
A veces me entran ganas de hacerlo todo: tantos viajes que quiero hacer, ciudades en las que quiero vivir, proyectos que quiero cumplir. Quiero hacer todo al mismo tiempo y me abruma la imposibilidad, entonces me paralizo y no hago nada– y me queda un vacío que no sé cómo llenar.
¿Para qué quiero hacer todas esas cosas? ¿Por la satisfacción de cumplirlas? ¿Por las apariencias? ¿Por mi ego? ¿Para sentirme “suficiente”? ¿Para sedar mi miedo a no serlo? Todas tienen algo de verdad. Pero la verdad que más resuena conmigo es el deseo de cumplir mis sueños por el placer de hacerlo. Quiero vivir una vida llena de significado que pueda disfrutar. Eso es lo que en realidad me importa, lo que persigo a toda costa: gozo y significado. E irónicamente, soy yo quien me impide experimentarlo. Me alejo de disfrutar el momento cada vez que me presiono por que debería de estarlo disfrutando. Me río de mis incoherencias.
Te pongo un ejemplo que me ha pasado más veces de las que puedo contar. Me encanta pasar la tarde en un café y cada vez que decido ir a uno me abrumo porque no sé si quiero escribir una carta, leer el libro que tengo a medias, ver una clase de uno de los muchos cursos a los que me inscribí, hacer journaling, o solo ver a la gente pasar. ¿Me entiendes? Me abrumé de solo escribirlo.
Entonces, cargo conmigo todo lo que necesitaría para hacer cada una de estas cosas. Llevo mi journal y pluma, mi laptop, mi libro (debo de confesar que a veces son dos). Llevo todo lo que creo que podría necesitar y al momento de estar en el café, me paralizo. Hay tantas opciones. ¿Por dónde empiezo? Si hago una querré hacer la otra. El resultado es que termino por no hacer ninguna. Y para distraerme de mi insatisfacción me hundo en dopamina barata: tomo mi café mientras veo Instagram. Ahora sí que me siento mal conmigo misma. Estoy más ansiosa que al principio y mi mente autoconfirma la creencia: siento que no hago nada con mi vida.
En mi caso es especialmente frustrante porque sé lo que quiero hacer pero no lo hago. Entonces pienso: ¿tal vez no debería de querer tanto? Tal vez solo se trate de escoger una cosa a la vez, de hacerla bien. De fundirnos con ella, de sumergirnos en ella hasta que todo lo demás deje de existir, hasta olvidar que las otras opciones y distracciones existen. Si tuviera un super poder sería ese: la habilidad de hiper-enfocarme; de disfrutar de lo que hago sin pensar en nada más. Bueno, eso y teletransportarme, pero está de más decirlo.
Hablando de distracciones, hace tiempo vi esto mientras scrolleaba en Instagram, a veces salen cosas buenas de aquello que villanizamos. Me recuerdo que la vida no es blanco y negro; que las herramientas se determinan por cómo se usan. Aquí te lo dejo:
De alguna u otra forma siempre regreso a esta lección. Quizás porque me cuesta aprenderla o porque se me olvida practicarla. Al final del día, las respuestas están en la pausa. En vivir los momentos, en saber habitar el tiempo.
escribe sobre esto, te recomiendo mucho que lo leas completo. Para mí, se ha sentido como respirar aire fresco. Claudia hace una reflexión preciosa y muy poderosa de una de mis películas favoritas: About Time. Nos recuerda la magia que se esconde en lo cotidiano.«A veces creo que no sabemos estar. Que habitamos el tiempo como si fuera una sala de espera: mirando hacia lo que viene, repasando lo que pasó. Rara vez aquí. Rara vez ahora.»
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Me alivia pensar que la satisfacción está en saber que no tengo que estar en ningún otro lado. Que ya llegaré a donde tengo que ir. Que disfrute de estar aquí. Porque soy de alma nostálgica y por eso sé que también voy a extrañar estar aquí.
«La vida se le llena de momentos diminutos que parecen pequeños en el gran engranaje de las cosas, pero no lo son. La salpican de alegría. De belleza. De amor. (….) No hay respuesta. Solo estar. Mirar. Cuidar lo pequeño como si fuera sagrado. Porque lo es.»
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Creo que lo que intento decirte es: sal al pasto, quítate los zapatos, planta bien tus pies en la tierra. O en donde sea que se encuentren tus pies mientras me lees, plántalos bien en el suelo. Siente cómo te enraizas en ese momento. Respira profundo. Estás donde tienes que estar. Y sólo desde ahí es que puedes caminar hacia todos los lugares que quieres visitar. Sonríe confiado. Confía en que llegarás. Pero no te pierdas del paso en el que estás por estar pensando en el siguiente. Porque entonces ahí sí que habrás desperdiciado tu vida. Tu vida que se compone por un entramado de momentos: todos únicos e irrepetibles. Este momento no regresará, no volverás a ser el mismo. Qué regalo. Detente. Conócete. Acompáñate. Con todo lo que confunde y lo que pesa. Encuentra la manera de saborearlo, no necesariamente de disfrutarlo, sólo saborearlo. Intenta habitarlo.
«La insatisfacción de los humanos, ese querer siempre algo más, algo mejor, algo distinto, es el origen de innumerables desdichas. Además, la felicidad es minimalista. Es sencilla y desnuda. Es una casi nada que lo es todo.»
― Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte
Este último es uno de mis libros favoritos, no puedo recomendártelo lo suficiente si eres como yo y persigues el significado: vivirlo todo a profundidad pero con ligereza. Por último, te dejo esta canción que me lo recuerda:
¡Te mando un abrazo!
– Isabel







Totalmente identificada con tu post. Gracias por poner en palabras lo que a veces no somos capaces de verbalizar 🫶
Me identifiqué mucho con tu post !!! Me pasa lo mismo que a ti querer hacer tanto que termino no haciendo nada y me abrumo. Pensando siempre en que sigue en vez de disfrutar aquí y ahora.