Ayer recibí a mis amigas en mi casa para cenar. Quise hacer una cena temática de Thanksgiving, o como ya hay un término para todo: friendsgiving. Aunque no es una costumbre mexicana, siempre me ha gustado la idea de tener un día dedicado a agradecer. Es el segundo año que hago esta cena y mi intención es que se vuelva una tradición entre mis amigas y yo.
Estas son mis amigas de la prepa, o sea que tenemos casi diez años de amistad. Nos veo tan distintas, aunque en el fondo seamos las mismas. Me fascina ver a cada quien construir su propia vida. Cada una, a su manera, persiguiendo sus ambiciones y sueños. Algunas están por casarse mientras otras estamos lejos de hacerlo… Sin importar las diferencias, seguimos pisando un mismo suelo que nos permite entendernos.
Brindamos, por supuesto. Por la amistad, por nuestra amistad. Por una vida compartida. Compartir la vida es lo que la hace más bonita. Pienso en todas las etapas en las que nos hemos acompañado. La vida no sería la misma sin nuestras amigas.
Recuerdo que cuando estaba entrando a prepa, la gente mayor me decía que lo disfrutara, porque serían los mejores años de mi vida. Esta idea me hacía sentirme más presionada que ilusionada. Luego esa expectativa se extendió a toda una década: “los 20 serán la mejor época de tu vida”. Con el tiempo aprendí a desconfiar de esas frases que la gente repite sin pensar. O mas bien, las he sabido adaptar, porque creo que, como todos los dichos comunes, tienen algo de verdad.
Creo que cada etapa tiene lo suyo, cada una trae nuevas cosas que disfrutar y otras que enfrentar. Por ejemplo, en prepa es cuando empiezas a jugar con tu libertad. Te empieza a caer el veinte de que, si te las ingenias bien, puedes salirte con la tuya. Empiezas a coquetear con la rebeldía. Aún recuerdo la adrenalina de saltarme clases para salir a desayunar con mis amigas. Nos apretábamos en el carro de alguna que se atreviera a llevarnos. Íbamos con la música a tope y las ventanas abajo. Nuestra mayor preocupación era lo que haríamos ese fin de semana, y claro, no ponerte muy borracha.
Pero no éramos libres en verdad, seguíamos siendo unas niñas. La inmadurez es un arma de doble filo y a veces corta. No todo era color de rosa. Viendo hacia atrás, disfruté mucho mis años de prepa, pero no diría que fueron los mejores años de mi vida. Sin embargo, a veces extraño esa etapa. No de una manera en la que quisiera revivirla; simplemente me gusta recordarla.
Siento una mezcla de ternura y nostalgia por esa niña de 16 años que se enfrentó con el gran reto de hacer amigos nuevos en una etapa en la que se sentía insegura y cohibida. Siento una admiración enorme hacia ella también, por todas esas veces que se acercó a un grupo de desconocidas con la ilusión de descubrir nuevas amigas. Por cada vez que se tragó el nudo en la garganta para dar su opinión en clase, cuando opinar no era cool. Por siempre haber intentado tomar buenas decisiones, sin dejar de divertirse, claro. En esos años aprendí a cultivar mi propio discernimiento, a tomar decisiones en mis propios términos.
Es lindo poder recordar estos momentos, pero hay una delgada línea que nos lleva a romantizar el pasado en exceso. Y cuando cruzamos ese límite, dejamos de habitar lo que estamos viviendo ahora. Hace mucho leí que la nostalgia es gratitud por el pasado, y creo que es muy cierto. De hecho me sirve mucho verlo así.
Pienso en el personaje de nostalgia de la película Intensa-mente: una abuelita tierna con lentes color rosa. Nos recuerda que así funciona la nostalgia: pinta el pasado con ese mismo filtro que hace que todo parezca incluso más bonito de lo que fue.
A veces olvidamos que las etapas no se vuelven memorables por lo que vivimos, sino por cómo las vemos después, desde la distancia. Y esa distancia –esa perspectiva que solo el tiempo regala– todavía no la tenemos con lo que vivimos ahora. Por eso se siente más simple, más cotidiano, menos mágico. Por eso se vuelve más difícil apreciarlo.
Estos últimos meses me ha costado conectar con la gratitud. Estoy navegando una etapa que en muchos sentidos se siente como un limbo. Hay muchas metas que todavía no cumplo y creo que he desperdiciado muchos momentos centrando mi energía solo en lo que no tengo. Puedo ser muy dura conmigo misma A pesar de que vaya avanzando, mi mente está fijada en todo lo que me queda por recorrer.
¿Por qué no dedicamos unos segundos a agradecer todas las cosas increíbles que sí tenemos en nuestra vida en este momento?
Lo bonito de la gratitud es que cabe dentro de la incertidumbre y en los días más grises. No te esperes a que esté todo resuelto para agradecer porque siempre habrá algo que resolver. Y siempre hay algo que agradecer.
Solo tú sabes lo mucho que te ha costado llegar a este punto: date las gracias por tus ganas, por tu esfuerzo. Cierra los ojos y maravíllate de tu propio progreso. Recuerda que no se supone que sea perfecto.
Estás construyendo la persona que eres. Estás convirtiéndote en quien estas destinada a ser. No te pierdas de tu propia evolución. En algunos años vas a a extrañar a la versión de ti que te está sosteniendo hoy. En algún futuro no muy lejano fantasearas con revivir lo que estás viviendo hoy.
Una versión menos elaborada de estos pensamientos pasaba por mi mente esa noche de mi friendsgiving. Fue hasta el ultimo momento del día, ya acostada en mi cama, cuando me inundo una profunda gratitud. Por mis amigas, por mi cama, por mi nueva pijama, por mi vida, por mis ganas. Todo seguía exactamente igual, pero esa noche me dormí con el corazón lleno. Esa noche sentí nostalgia anticipada.
– Isabel








Qué lindas reflexiones compartes, Isabel, y qué profundas también. Esa sincronía, esa danza hermosa entre mirar hacia el pasado con gratitud y pensar en el futuro, en cómo mirarás desde el futuro el momento presente en que te encuentras, es muy propia de quienes llevamos un diario.
Es también poderoso el énfasis que haces en el presente. Vivimos seducidos de manera permanente por nuestro pasado y nuestro futuro. Agradecer es una manera de centrarte en el hoy, aquí y ahora.
Me identifico mucho contigo cuando afirmas que puedes ser muy dura contigo misma, me pasa también que me reprocho por lo que no he logrado, por lo que no he alcanzado, pero estoy aprendiendo a enfocarme en lo que sí he alcanzado (de hecho, llevo una lista de logros internos que actualizo semanalmente, justo para hacer un contrapeso a esa tendencia que tengo de autoflagelarme).
Ha sido "un gusto conocerte" (y leerte).
Muy interesante 😃. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?